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Author: Darío Luque Martínez


La orden más inflexible que recuerdo de mi infancia la visualizo en boca de mi padre. Con arrugas en la frente y un par de huecos entre los dientes, profería: “¡Ni se te ocurra hablar con desconocidos!” Ahora, muchos años después, comienzo a entenderlo todo. Tú podías ser uno de esos extraños a los que yo buscaba desesperadamente en mi intento de romper las normas…

Es curioso; nadie piensa que el amor de su vida fue, tiempo atrás, un desconocido. Yo, sin embargo, no puedo evitar pensarlo en mi anhelo de retroceder, de expulsarte de mi vida y volver a un tiempo en el que era feliz. Nadie piensa que, al abrirle su mundo a alguien, esa persona puede convertirse en su sol. Supongo que las cosas pasan, sin más. Por eso, al hacernos mayores, comenzamos a hablar con desconocidos. Y sin miedo, que ya es mucho decir.

Yo aún no te he perdido el miedo, pero voy a intentar eso de hablar con extraños. Comenzaré dándole una oportunidad a este desconocido que soy yo mismo. Quizás hay suerte y resulto ser el amor de mi vida.  

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